Nadar, nadar, nadar.

Como dice el título no me queda otra. Llevo un mes nadando tres, cuatro días semanales. La recomendación es unánime: desde el neurocirujano, pasando por el traumatólogo, fisioterapeutas y expertos en rehabilitación, hasta casi cualquiera con el que comentas tu problema.

Así que me he comprado el gorro, las gafas, el bañador y al agua. Me he mentalizado, no soy un experto nadador, como muchos que comparten piscina conmigo. Además, aunque a mí también me va a servir para mejorar mi forma física no es el principal motivo por el que estoy allí.

He buscado una gimnasio (con piscina, claro) entre los que tengo alrededor. Como no tengo ninguno que dé clases para perfeccionar mi estilo de nado, pues con internet y preguntando me he hecho autodidacta.

Internet te enseña a muchas cosas si quieres aprender. Ya enlazaré los videos que más me han ayudado. Pero lo que quiero dejar claro es que me he hecho un animal de agua a la fuerza. Y no está mal del todo.

Soluciones sí, pero con calma.

Así que lo dicho, tras ir al médico empiezan mis deberes. Lo primero que hice hace poco más de un mes fue dejar cosas: el baloncesto, salir a correr, cargar peso, caminar o sentarme sin cuidar mi postura.

Y comenzar una nueva etapa deportiva que estoy basando en tres pilares: natación, Pilates y caminar. Los dos primeros son auténticas novedades para mí. Por suerte el tercero no lo es, aunque la forma de realizarlo se puede decir que sí.

Ya me detendré en cada uno de ellos, pero sí me he dado cuenta en tan escaso tiempo que o me lo tomo con paciencia o voy a ir abandonando estas actividades.

No son las únicas actividades que estoy cambiando en mi vida, pero como digo, con calma (nadie dijo que esto fuera a ser fácil).